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SILKEN LAUMANN, UNA VOLUNTAD DE HIERRO

SILKEN LAUMANN, UNA VOLUNTAD DE HIERRO

Revista Remo, Revista oficial de la Federación Española de Remo
núm.87, diciembre de 2007

El pasado mes de agosto, visitó el Club Natació Banyoles la esquifista canadiense Silken Laumann, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos del año 1992. Su paso por esta ciudad fue un hito que ella misma se había impuesto, pues quería volver a revivir lo que para ella fue aquella final llevada a cabo el día 2 de agosto de 1992 en el Lago de Banyoles. "Al fin estoy en Banyoles y parece que no pueda ser cierto" aseguraba Laumanm cuando explicaba que solo recuerda "trozos de la carrera, la salida, ... pero yo siempre me preguntaba si estas imágenes que tenía eran reales ... Volver a Banyoles ha hecho que chocara con la realidad y cuando he entrado y he podido pasear por Club, y he visto el Lago desde diferentes perspectivas, todo estaba igual como yo lo recordaba ... con aquellas pequeñas casitas a orillas del agua...". La verdad es que fueron unos momentos muy intensos los que veía reflejados en el rostro de esta mujer, a la que incluso se le quiebra la voz cuando me dice "Banyoles y los Juegos Olímpicos de 1992 fueron una experiencia muy intensa y especial, sobre todo por mi lesión".

Fue una prueba, que como el ave Fénix, la hizo resurgir tras el grave accidente que había sufrido y que la había apartado del mundo del deporte de competición, a lo que ella se negó por completo, demostrando de lo que puede ser capaz la fuerza de voluntad del ser humano.

Nacida en Mississauga, Ontario, y con grandes posibilidades de ganar la medalla de oro de su especialidad en los Juegos Olímpicos de Barcelona'92, sufrió un grave accidente, mientras realizaba un entrenamiento en la ciudad alemana de Essen, cuando el dos sin de los alemanes Cuelen von Ettinghausen y Meter Hoeltzenbein (medalla de plata en Banyoles) la embistió por babor. La proa de la embarcación alemana le destrozó literalmente la pierna derecha a la altura del gemelo, sufriendo una fractura de peroné y provocando-le diversos daños en músculos, tendones y nervios. Era el 15 de mayo y faltaban setenta y ocho días para la cita de Banyoles, en donde se había marcado como objetivo conseguir la medalla de oro.

Los médicos que la atendieron dijeron que seria prácticamente imposible que volviera a remar: "Cuando diez semanas antes sufrí el accidente, los médicos me dijeron que posiblemente no podría volver a remar, y si lo hacia, lo que era seguro era que no lo podría volver a hacer a nivel internacional" explica Silkem Laumann, la cual asegura que "ganar una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos era mi sueño, y no podía dejarlo estar así como así ... me pasé tres semanas en el hospital soñando continuamente con ir a Banyoles".

A partir de este momento empezó una carrera contra reloj para poder llegar a Banyoles a tiempo. Tubo que soportar cinco intervenciones quirúrgicas y un implante de piel en el breve espació de diez días.

Después de tres semanas en el hospital, doce días en Alemania y once en Victória (Canadá), el que era su marido, John Vallace - medallista olímpico en el ocho en Banyoles - y ante la insistencia de ella de que quería volver al agua, la ayudó a pasar de la silla de ruedas a un esquif al que habían preparado para que pudiera colocar su pierna herida. Faltaban cinco semanas para la cita olímpica y a partir de aquel momento y gracias a una determinación envidiable, se concentró solo en su recuperación: "aprendí a convivir con el dolor - asegura - me estaba recuperando de la herida, tenia un injerto muy reciente en mi pierna, y tras cada entrenamiento iba directamente al fisioterapeuta para que me mirara la pierna y evitara que se me hinchara". La medallista olímpica recuerda que "era una lucha constante entre el querer competir y la evidencia de que no podría hacerlo" la cual cosa le comporto "un gran esfuerzo mental porque el hecho de pensar en poder competir en Banyoles no era una cosa real".

Su espectacular recuperación y reaparición en Banyoles, fueron causa de admiración, no solo de sus compañeros de equipo, sino de toda la familia olímpica.

REGRESO AL AGUA
Ahora, en agosto de 2007, 15 años después, Silken por fín estaba en Banyoles y yo tuve la suerte de poder compartir con ella toda una mañana. Hacia tiempo que estábamos en contacto, y aprovechando que debía dar unas conferencias en Italia, decidió venir a Banyoles en donde tenia una cuenta pendiente con ella misma: volver a aquel lugar por el que había luchado tanto; es por eso que cuando llegó me llamó y quedamos en vernos.

Nos encontramos en la puerta del Club y estuvimos paseando por las instalaciones, mientras ella, poco a poco, empezaba a mezclar recuerdos con la actualidad. Cuando llegamos a la altura de los hangares, evidentemente la vista se le fue hacia los botes y entonces me confesó que hacia mas de dos años que no se había subido en un bote. Evidentemente le ofrecí la posibilidad de hacer-lo y no se hizo de rogar.

Poco a poco se fue alejando del pantalán, mientras nosotros, su compañero Neil Harvey y yo, la seguíamos con un catamarán a la vez que escuchábamos sus explicaciones: remaba .... paraba .... recordaba en voz alta ... seguía remando. Al llegar a la línea de salida recuerda: "salí por la calle 3 .... recuerdo que estabamos alineadas, la rumana, que hizo oro, ... la belga, que hizo plata, ... la americana ..." Vuelve a remar y vuelve a parar... " De buen comienzo la rumana y la belga nos dejaron atrás al resto de participantes, mientras yo intentaba no descolgarme de ellas... " vuelve a remar ... "recuerdo que a media carrera estaba totalmente agotada porque había salido demasiado fuerte ..." unas paladas mas y nos vuelve a esperar, " ... recuerdo sobretodo los últimos 500 metros y a Anne Marden, la americana, remando ante mi ... entonces fue cuando tomé una determinación y empecé a esprintar... me faltaba el oxígeno ... y cruce la línea de llegada ... pero no estaba segura de nada.... recuerdo mirar hacia arriba buscando el marcador .... y entonces fue cuando vi que había conseguido el bronce ..." continua remando y llegamos a línea de llegada. Se queda parada, inmersa en sus pensamientos. Al final levanta la cabeza y nos dice, señalando hacia donde hay la torre de llegada: "... recuerdo que había un pantalán muy largo en donde el propio Samaranch me estaba esperando ... " A partir de este momento, la emoción contenida durante tanto tiempo le sale a relucir y las lagrimas salen a flote. Preferimos dejarla con sus pensamientos y nos alejamos de ella. Pasados unos minutos, con un remar muy pausado nos vuelve a alcanzar y nos confiesa lo que sintió cuando cruzó la línea de llegada: "... experimenté como una sensación de ligereza... lo había conseguido.... mi sueño se había hecho realidad... y a partir de ese momento empecé a sentirme muy agotada... totalmente agotada."

Una vez ya en el Club, después de haber-se duchado y sentados en el bar, me confiesa que la experiencia de hoy posiblemente haga que vuelva a remar. Dice que lo había dejado pero que el día de hoy ha representado para ella algo muy especial. Seguimos hablando y lógicamente le pregunto sobre su milagrosa recuperación. Y es esto es muy clara, reconociendo que no comprende todavía como se recuperó tan rápidamente y añade que "todavía hoy tengo problemas con esta pierna, unos problemas que tendré el resto de mi vida". Aún así asegura que "fue un momento muy especial a mi vida" y añade que "era una época en qué tenía las cosas muy claras y las debía hacer con mucha urgencia y lo que es más importante, tenía una fe inquebrantable en la meta que quería alcanzar".

Han pasado quince años desde aquel terrible accidente y con siete operaciones en la pierna, aún hoy en día se le ve un vacío a la altura del gemelo, mudo recuerdo de lo que ha tenido que pasar esta mujer, triple medallista olímpica, para poder alcanzar la meta que se había propuesto: conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos de Banyoles.

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